A Miguel; descansa en paz.
Sucedió el 20 de julio del 2011. El Gringo conducía su automóvil cuando fue impactado por otro vehículo. Esa noche cerró los ojos para siempre.
Salí de Puerto Rico el 18 de julio del 2011. Iba lleno de ánimos y de ganas ante un nuevo reto que iba a enfrentar, búscandome a mi mismo entre tantas cosas. Llegué a Georgia a las 11:00 PM y me instalé en lo que sería mi nuevo hogar por las siguientes 17 semanas. Me entregué al trabajo, como tantas veces he hecho, y olvidé que fuera de los portones de la base, existe un mundo. Recuerdo haber escrito una carta ese mismo día, diciéndole al que fue mi mejor amigo, que estaba en Estados Unidos y que quizás podríamos coincidir en algún momento. No recibí respuesta.
Estuve tomando un entrenamiento sobre biología, así que mi celular estuvo apagado casi 5 semanas y facebook dejó de ser una prioridad en mi rutina, si es que alguna vez lo fue.
Recuerdo estar sentado en el piso de mi habitación leyendo un libro cuando tocaron a mi puerta y me entregaron una carta. No tenía idea yo de que esa carta cambiaría mi vida al leer las primeras dos líneas. La esposa de El Gringo, me informaba que había muerto en un accidente automovilistico y que no habían logrado comunicarse conmigo antes. Cuando miré la fecha, había pasado ya 4 semanas de su muerte.
Ese 20 de agosto me revolqué por el suelo tratando de aguantar las lágrimas pero no las pude contener. Lloré como un niño con rabieta. Lloré como no lo había hecho en mucho tiempo. Lloré porque la vida me arrebataba a una de las personas que más quiero en el mundo. Derrame no sólo las lágrimas recientes por su muerte, si no tambien las que contuve durante tanto tiempo.
No dormí en dos días y me sorprendí a mi mismo llorando como un pendejo encerrado en los baños de los edificios donde me encontraba. Lloré porque sentía un vacío tan grande, una rabia tan fuerte. Lloré porque no podía, ni aún puedo, imaginar que El Gringo, ya no está en este mundo.
Dos meses despúes sigo aún sintiendo que falta una parte de mi. Sigo reprochandole, no sé si a él o a qué, que guiára tan estupidamente mal. Sigo hechandome culpas mias y ajenas, por no haber asistido a su funeral. Sigo buscándo explicaciones que nadie me dará. Sigo diciendole a Dios que cometió un error. Sigo pensándo que mi ahijada crecerá sin conocer a su padre y sólo escuchará las historias que le contaremos sobre la maravillosa persona que fue.
Si alguna vez me sentí solo, no fue nada en comparación con lo que siento ahora. Ya no lloro en los baños públicos, ya no me quedo todo el día en la cama mirando el techo, pero mi alma sigue llorando la perdida de ese ser querido.
Quizás no he vuelto a llorar porque mis ojos se han vuelto a secar. La fé la tengo escasa y solo me queda un rosario que me regaló el mismo Gringo el día que enlisté en las fuerzas armadas.
¡Ay Gringo! Te fuiste y aún hay tanto por vivir. Donde quiera que estés te envío un abrazo. Acá te hechamos de menos. Gracias por haber sido como fuiste. Gracias por haber hecho feliz a tanta gente. Descansa en Paz mi querido amigo.
La vida sigue pero la pena es grande y la cargamos sobre las espaldas.
Descansa en paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario