20110714

"Twitter" un pequeño vicio.


Todo comenzó en julio 26 del 2010. Sin razón alguna abrí una cuenta en la red social “Twitter”. Poco conocía como funcionaba esta innovadora página donde en 140 caracteres escribes lo que tengas en la mente. Estuve una semana intentando enamorarme de ella, pero no lo logré. Me olvidé de la página y regresé a “Facebook”.

Meses después adquirí un “BlackBerry”, la sensación del momento para aquel tiempo. Descargué el ícono de “Twitter” en mi celular. Sin darme cuenta escribía lo que me venía a la mente. Se volvió mi micro-blog. Meses después, tenía yo 200 seguidores y más de cinco mil “tweets”. Dejé de entrar a “facebook” y no podía desprenderme de mi celular. Escribía sobre todo lo que veía a mí alrededor. Molestaba a celebridades con mis ofensivas ideas. De la nada tenía amigos a los que no conocía pero que conocían mis pensamientos, mis enojos y mis pasos.

Un psicólogo describió el “Twitter” como adictivo. Y la gran “escoria” que vive en la red social se auto-denominó como “Twitecatos”. No negaré que cuando me fui a mi training en Oklahoma lo más que me dolió fue desprenderme de mi celular y de escribir todo lo que pensaba en “Twitter”.

“Twitter” no se volvió mi vida, pero sí parte de ella. Cada mañana recibo saludos de los locos que allí habitan. En varias ocasiones se han celebrado encuentros de “Twitteros”, como se hacen llamar ellos, en los que se han compartido cervezas, vino y alcapurrias. Incluso, ahora soy parte de una cafrería llamada #CacheterosCrew. Es un grupo que se dedica a chinchorriar por la isla, en busca de algún “mamao” que pague el round.

Casi un año después de mi primer pensamiento escrito en “Twitter”, tengo casi 600 seguidores y más de 20 mil pensamientos escritos. He sido diagnosticado por médicos a través de mi perfil. He conocido abogados dispuestos a brindarme ayuda cuando la he necesitado. He confraternizado con militares, con celebridades de Puerto Rico. Y lo que más me ha sorprendido: Ednita Nazario me sigue, me lee y me dice que me quiere.

La gente que habita en “Twitter” es gente de educación y de no tanta educación. La mayoría les importa un bledo lo que piensen los demás y viven guerreando entre ellos. Siempre hay uno que otro que se cree la historia completa y se olvida que más allá del celular o la computadora vive una persona con vida real. Es como adentrarse en un mundo del cual no te quieres desprender, porque te hace reír y muchas veces te educa y te informa. Además de que compartes con gente que cómo tú, vive en #LaIslaDeDios (Puerto Rico) y pasa a diario por las mismas cosas que tu. Poder compartir ideas con alguien a quien de seguro nunca conocerás o si ves en la calle ignorarás, tiene algo de divertido. Desahogarte anónimamente, escribir lo que te venga en gana y ver que sí hay gente que aún piensa, hace que te sientas bien.

El creador de “Twitter” aún no sabe por qué creó la red social, pues, en un principio no le encontraba utilidad. Yo ya se la encontré. Y creo que miles de puertorriqueños también. ¿Para qué ir al psicólogo si puedo desahogarme en Twitter?

Escribo esta entrada porque el lunes me voy para Georgia a un training. Y me advirtieron que no tendré celular, ni computadora durante dos meses. Así que por ende, dejaré de twittear. Tendré que regresar al lápiz y al papel, como hacía antes, sólo que ahora no me leerán.

No me queda más que confesar que sí, soy un troll (un bully) en Twitter. Que insulto a las personas, que me “cago en la #hostia” a cada rato. Que me rio con las ocurrencias de la gente y que disfruto escribir sobre las mujeres que me ligo.

Concluyo utilizando un “HashTag” de mi invención: me voy y #SufroComoLucyCuandoLeDicenVieja.

Si no sabes quién es Lucy García alias “Miss Cocos” accede aquí: 


Y ríete un rato con este video: 



"Como diría Macetaminofen; esto nos hace puertorriqueños. Nos gusta burlarnos y que se joda."

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