Aquella tarde mientras el sol se escondía tras la montaña, tan familiar, tan cercana, cayó un trueno. El café se tuvo que colar, pues ningún aparato eléctrico volvió a funcionar hasta muy entrada la noche. Sobre la mesa descansaba el pan que se debió haber tostado pero que como tantas otras cosas también se olvidó. Según iba cayendo el sol, la luz desaparecía a través del pasillo dejando en sombras las fotografías que marcaban la historia familiar. Los hermanos en “Disney”, la graduación en Alabama, la familia en el Zoológico. La boda del primer primogénito, la graduación del que desertó y la más reciente; la del militar. Los vitrales se iban opacando lentamente, como si con ello el tiempo acabara y la pesadez de la noche comenzara a agobiar. Un silencio inviolable se apoderó de todos los pasillos, las habitaciones, las salas de estar. No se oía ni el llamado del coquí, ni el silbar de un grillo, absolutamente nada. El olor a café se perdió en la cocina y en la oscuridad las tazas descansaban sin ser fregadas. Todos decidieron irse a ver una película a la ciudad. Yo decidí quedarme. Unas cuantas horas después, cuando la cama ya no quería tenerme sobre ella, me paré y salí a donde mismo había visto al sol ocultarse. Caminé siguiendo el reflejo tenue de una luz blancuzca que se colaba por cada ventana, por cada vitral.
Ante mi sorpresa, sobre la montaña que me ha parecido tan familiar y tan mía durante estos años, estaba posada la luna. Brillante, grande, luciendo todo su esplendor. Cuando entendí que no importa si es de día, si es de noche, siempre habrá una luz que te ilumine el caminar, una luz debíl ,una luz potente; que no importa como pero que siempre habrá luz, todo se encendió.
En la televisión se escuchaban las noticias. El radio tocaba música de la época. La luz artificial iluminó todas las fotografías y aún más las que había olvidado observar antes de oscurecer. Sobre el escritorio los libros eran calentados por una lámpara de 100 "watts". Los abanicos y acondicionadores de aire encendieron. y rompieron con la pesada temperatura. Y fue todo, recuperé la luz completamente y volví al trajín de la vida, de las cosas de la ciudad.

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