A Elba, espero que también estés de acuerdo.
La milicia siempre ha sido, en forma indirecta, parte de mi vida. Cuando se es parte del ejército, uno se siente fuerte, capaz, leal, encuentra una razón válida por la que vivir. Los beneficios monetarios son excelentes. La actitud que se aprende en un “Basic training” es una de vida, una de fuerza. Muchas veces he considerado que esto puede llegar a resultar adictivo.
En unos días una amiga a la que aprecio mucho, partirá camino a un lugar extraño. Sólo lleva su agenda, su uniforme, muchas ganas y un manojo de nervios. Ambos somos literatos y de los buenos, de los pocos que quedan. Junto a ella reí innumerables ocasiones, pues tiene unas ocurrencias únicas, al igual que conversé sobre temas en los que reafirmábamos nuestras creencias y visiones.
La gente se pregunta el por qué de unirse a las fuerzas armadas. Muchos conocemos la respuesta. La oportunidad es única, se viven experiencias que jamás se vivirán si no es de otra forma. Las ayudas nos abren miles de puertas, que debido a nuestra condición colonial, tenemos cerradas. Muchos, reforzamos el carácter y logramos ver la vida de otra manera pero siempre con el corazón en la mano.
Lo peor de partir a un lugar donde sólo puedes enviar cartas, donde tu cuerpo se vuelve adicto al movimiento es; tener que dejar atrás. Dejar la familia, el hogar, lo conocido, los amigos. En muchas ocasiones se gana, en otras se pierde. Mi amiga ganó un esposo, un nuevo rumbo, una nueva vida y sé que le irá de maravilla.
Yo parto pronto en busca de aquello que aún muchos no entendemos. Yo corro donde el viento me lleve, donde el suelo sea seco. Yo encuentro el norte y camino hasta el sur. Yo levanto mi cuerpo con mis brazos y olvido el dolor. Yo hago que lo que muchos no hacen por miedo. Yo sé que es lo correcto.
PD: No es mi mejor texto, hay días y hay días. Hoy por hoy sólo puedo parir esto.
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