En días como hoy las letras se atascan.
Se quedan trabadas en mis dedos,
junto a ellas la musa que les dirige.
En mi mente forman un revoltillo,
salpicado con pimienta y otras sales,
que sólo se conoce una vez vista la traición.
Cuando las letras callan,
en el estómago se enfrían los sentidos,
las mariposas dan vueltas y vueltas,
se marean
y caen.
Si ellas callan,
yo también callo
y sobre mis papeles blancos
descansa la triste noticia de que;
no hay más que decir.
Si yo callo,
no me encuentro,
no entiendo.
En el silencio mío y en el de las letras
dejo de ser,
mas me abro a otro yo.
Un yo sencillo, que no se siente, que no se complica.
Que no intenta entender, ni ver más allá.
Por eso golpeo mis dedos, los masajeo, los halo…
Porque no quiero callar, no quiero dejar de ser,
quiero encontrarme, aunque sea una vez…
porque el silencio no está hecho para mí.
o ¿eso creo?
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