20100713

Las sombras

El otro día, luego de muchos tequilas y varios vodkas, vi una sombra. Se movió con rapidez y tenacidad por la pared de mi habitación. La ignoré. Deduje que sería el efecto del delicioso vodka. Sin embargo, en la mañana, cuando aún el sol no salía por completo, volvió a aparecer. Esta vez entró por la ventana que da a las escaleras, caminó tambaleante sobre la cama y entró al closet. 

Pensé que era sólo mi imaginación y algún tardío efecto del Vodka. Me duché, lavé los dientes y caminé a mi closet en busca de algo de ropa. Al abrir la puerta, un leve escalofrió me estremeció. Me mareé por un segundo y tosí. En un instante quedé ciego, tuve que buscar mis espejuelos. 

Luego, todo transcurrió con normalidad. El día típico que tanto amo. Reuniones, letras, libros, matemática, un poco de ciencia y mucha literatura. No tenía tiempo para pensar, sólo en lo que ameritaba un segundo del ajetreo diario. De vuelta en casa, me acosté en la cama. Sin ganas de nada. Una llamada telefónica me bastó para volver a sentir el mareo de la mañana. Mientras me levantaba, la misma sombra apareció en la pared. Esta vez se plantó, quieta, como si me observara. La ignoré una vez más. Me vestí, no como en la mañana, esta vez; zapatos en cuero, pantalones caros, camisa de manga larga y unos Burberry sobre los ojos. La noche se iluminó ante mí. Entre risas, humo, vodka, cerveza, sexo y picadero pasó otra madrugada.

Se volvió rutina el ver la sombra cada noche al llegar, después de mis salidas de diversión. Cada mañana, cuando abro el closet, me mareo y siento como si esa sombra, que se esconde ahí, me habitara durante el día. 

Soy dos personas. Una que es lo que deseó no ser. Y otra que es la que aún conserva algo de lo que fue y se preocupa por el ser. Me divido en dos, me confundo. La sombra es mi yo, reflejado ante mí, cuando hago lo que no quiero hacer. Cada noche, con cada copa, con cada letra que dejo de escribir, dejo de ser. Cada día, con cada reunión, con cada cuerpo estudiado, sigo siendo. Entonces, está el dilema. ¿Qué es lo correcto y que es lo incorrecto? 

No se si soy la sombra, no se si soy el de los Burberry. Lo único que me consta, es que en algún punto me diluí en lo que se supone sea la vida y lo que se supone sea lo que yo creo que es la vida.

Hoy, llego borracho, me quito los zapatos. Abro el closet, me mareo. La sombra sigue en la pared, esta vez, está con ella otra sombra. La nueva sombra carga el vodka en la mano izquierda. La antigua sombra lleva en su brazo derecho el libro de ciencia. Intercambian los objetos, se miran, se ríen en una carcajada, se burlan. En un abrir y cerrar de ojos, ambas, en un acto contemplado con anterioridad me lanzan el vodka y el libro. Entonces, me caigo de espaldas y siento un gran vacío. Cierro los ojos. Tirado en el piso, sin querer ver, noqueado por el libro y el vodka, sigo sin entender.

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