- Bien, ¿y tú?
- Sumamente bien, un placer encontrarte aquí.
- Igual, hace mucho que no te veía.
- Ya sabes… Mucho trabajo.
- ¿A qué te dedicas ahora?
- A muchas cosas…
- Siempre, tan diversa.
- No tienes idea.
- Si que la tengo.
- ¿Y tú que haces?
- No mucho, más de lo mismo.
- No cambias.
- Sabes que no.
- ¿Y qué con aquello?
- ¿Qué cosa?
- No respondas a mis preguntas con otra pregunta. Eso me molesta.
- Upsss… Lo siento. No sé a que te refieres.
- Claro que sabes.
- Tal vez sí. Sólo que te estoy evadiendo.
- Como me hacías antes.
- ¿La misma historia? Ahh
- Sí. Es lo interesante de esto.
- ¿A dónde vamos, pues?
- A donde tú desees.
- ¿Es eso una invitación?
- Tómalo como quieras. Tú a mi no me sorprendes mucho.
- Jajaja… Eres igual de intransigente que siempre.
- Sí. Mañana de seguro te detestaré.
- Me aseguraré de que no sea así.
- No puedes evitarlo.
- Tienes razón.
- Lo sé.
- Así que mejor, dejamos esto aquí. Ya me marcho.
- ¿Por qué?
- Porque no estoy dispuesto a esto.
- Te podría convencer de que lo estés.
- No creo. Ya no es lo mismo.
- Bueno…
- Hasta luego. Sensual.
- No te lo perdonaré nunca.
- Yo a ti sí.
Caminé hasta la puerta.

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