Continuación:
Libre, y si vienes a joder, lee la carta en la entrada anterior.
Esa noche llamó. Aquella a la que con tantas ganas quise sacar de mí. No pude hasta anoche. La conversación fue tosca, aburrida y sin sentido. Contaré la historia, con ciertas variaciones claro y más corta de lo que es. Nos conocimos gracias a la magia de la tecnología. Un mensaje aquí otro allá. Durante una semana entera estuvimos en pleno flirteo, sin vernos. El día de vernos llegó, un poco antes de lo esperado. Sin más que preguntar, nos tocamos, besamos y todas esas cosas que no se deben hacer si no sé está seguro de ello.
Seguimos conversando. Seguimos saliendo. Cortamos más de tres veces, yo no lo aceptaba. Hoy, en cambio, le doy mil gracias a Dios por ello. Me puse en su lugar en más de una ocasión. Entendí lo difícil que sería estar en sus zapatos o tacones. Pero no, yo no comprendía del todo.
Sucede que anoche llamó. Sucede que me dio lastima. Sucede que no quiero saber nada más acerca de la relación. Sucede que me di cuenta, de que no es lo que quiero, ni lo que querré.
Estaba drogado, ¡Dios bendiga las drogas!, y entendí que cometí el error casi más grande del mundo. Ahora que observo todo desde lejos, desde otro plano, veo con objetividad y con claridad, que no fue correcto. Yo era más inteligente, más decido a querer que la otra parte. La otra parte sólo no sabe ni a donde va, ni que quiere y tiene un arroz con pollo, salchichas, jamonilla, pastrami y genoa en su vida.
En cambio yo, voy decidido, voy al grano, tengo fe. Me auguran miles de éxitos, cientos de fracasos y quizás un poco de fama. Entonces, anoche, bajo el efecto de la maravillosa Clonasepan entendí, que no quiero aferrarme.
Aferrarme a alguien que no comparta mis sueños. A alguien que no entienda la complicidad del asunto y la materia de las cosas. Que no quiero sentarme en el cine a ver una película que detesto. Que prefiero el vino y los amigos, a los viajes de inseguridad. Que me gusta soñar en grande y no pensar nunca en las limitaciones. Que, quizás, no está diagnosticado, minimizo todo y disfruto al hacerlo.
Es por eso, que cuando me dijo: Tú eres joven, no sabes a donde vas. Yo sólo pude escribir una carta, que se encuentra en la entrada anterior titulada No quiero aferrarme (Parte 1).
Y ser libre como el aire, sin que sea poesía.
y sabré lo que es al fin, la libertad.
(Si cliqueas, te llevará a la canción)
Nota: Editora; espero que ahora entiendas y comentes con toda la intención de joderme la vida, burlándote. Guiño.

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