20100302

Voces

Toque suelo boricua. Domingo en la noche, muerto de cansancio por el cambio de horario y las horas de vuelo, llegue a la isla. Mi hermano me esperaba con los brazos abiertos en el aeropuerto y con una rica tripleta. En ese momento me sentía en las nubes, como si mi cabeza hubiese dejado de funcionar y solo hiciera caso a las necesidades de mi cuerpo. Una buena ducha, un café bien caliente y a la cama. Casi no hable en el trayecto de San Juan a mi casa, sinceramente no podía con mi vida y con el dolor en los huesos que hacia meses no me daba.

No fue hasta el lunes, en la mañana cuando llegue a la universidad y sentí el soporífico calor ponceño, que me di cuenta de que ya estaba de regreso. Tome dos exámenes, hable con mi consejero y discutí ciertos asuntos con un profesor. Mi teléfono no sonó, nadie conocía de mi regreso. Sin pensarlo mucho me monte en la guagua y llegue hasta Aguadilla, me tire en la arena a eso de las 2:00PM y pensé. Recordé todo lo que había vivido estos últimos días, las experiencias, las novedades, las irregularidades. Pero allí estaba, tirado en la arena, mirando el mar, sin una sola preocupación, sin nada. Me despedí de las miradas furtivas en el metro, le dije hasta luego al olor a café de los argentinos. Le di una guiñada a los meseros que nos daban trago tras trago. Todo a distancia, todo frente al mar. Y volví a empezar y a retomar mi vida. Recordé citas, compromisos, asuntos, que tengo plantados en agenda. Volví a sentirme en casa.

Suena el teléfono, la editorial de la universidad. “Ángel, necesito los textos que quieras someter a evaluación para publicación, mañana en mi oficina a las 8…” “Mi amor, regresaste y no me habías llamado, eres un descarado…” “Dios, pareció una eternidad ¿Solo fueron dos semanas?...” “¡Cabron! Te extrañe, ¿Qué me trajiste?” “¡Cabestro! Tenemos que salir este fin, hay un sitio que te va a encantar…” “Ángel, necesito que me ayudes en un problema de química, tengo examen y no entiendo…” “¡Gay Lord! Te amo tanto y no es que sea pato, pero me hiciste falta. ¿Me trajiste la T-shirt con el mensaje sucio?” “¡Huele pinga! Mi novia me dejo. Consígueme una jeva…” “Es titi, te amo mucho. ¿Llegaste bien?” “Giovannie es Angel Joel, me debes diez pesos desde el mes pasado asi que me los pagas o miras a ver. Ahh Gracias por lo que me trajiste. Pero pagame…” “Hey dude! Are you ok? Call me later.” “Mister Colón, ¿Por qué carajos no me dijiste que te ibas?” “¡Abandonaste a tu esposa!” “Ya no soy mas tu chilla” “A bailar este wekeend” “¡Ya era hora contra” “Te quiero” “ ¿Te chingaste a los Mexicanos?” “ A que sigues borracho”…





Y así seguían entrando las llamadas, los textos, y lo recados en el correo de voz. Y entonces me sentí silenciado por todas esas voces que me buscan, que me quieren y que de alguna forma comparten conmigo sus vidas. Son esas voces las que me hacen estar en pie y seguir luchando, las que me piden y me recuerdan que en la vida se debe ser egoísta. Por que se necesita tenerse en cuenta uno mismo. Son esas voces las que me dan y me quitan. Son esas voces las que amo. Las que me llenan. Las que me apoyan. ¿Qué seria yo sin esas voces que me gritan, me hacen reír y como ese día frente a la playa, me callan?

En la vida todo es ir. Y si me voy, que es probable, tendré que abandonar esas desafinadas voces. Pero como bien dicen ellas mismas, primero tu, segundo tu, tercero tu… Y al final los demás. El precio ha de ser grande, pues en esas semanas vi la primera mensualidad del mismo, y es un pago muy alto. Pero, ¿Qué puedo hacer? Y como me dijo mi hermano, “lo que mas trabajo te cuesta es lo que mas valoras…”

Y ya estoy aquí. Tirado en la arena, con el sol en la piel, con el alma llena. Listo para disfrutar lo ultimo de los días escuchando las voces en vivo. Pues luego solo escuchare los recuerdos de las mismas. Y admito que la llegada fue placentera. Que el calor me reconforta y que la comida de mi mami es riquísima.

No hay comentarios: