20091115

Historia veridica de una fantasia


Cuando abres los ojos esa mañana, la luz te ciega por unos instantes. Lo primero que te viene a la mentes es “este es mi ultimo día con 17 años”. Aun te cuesta creer lo rápido que el tiempo se esparce, aun recuerdas con claridad las navidades de hace diez años atrás. No te cuesta mucho imaginar como será después de este día, sabes de sobra que no mucho cambiara.

Esperas sentado en la cama o frente al computador, que el portal místico de la media noche se abra. Tienes varias opciones, quedarte en casa y pasarlo entre familia pero al final solo en tu habitación. O salir de parranda y celebrar por lo alto, utilizando la tarjetita que obras públicas te confiere y que te certifica como mayor de edad.

Las libertades son muchas, pero acaban donde empiezan. Ahora que tienes capacidad de amanecerte, te falta voluntad. Ahora que tienes derecho a irte, te sobra miedo. Quizás porque ya lo puedes hacer sin que nadie te diga nada, pierde la emoción.

Hay cosas que nunca cambiaran. Los cambios no serán muchos. Sabes que te volverás a enamorar, entiendes que podrás madurar, y crees que olvidaras a ese amor sin corresponder que durante los 17 te hizo soñar.

11:45 de la noche, a solo 15 minutos de tu nueva “vida”. La nueva, nueva, tu amor dice “mi vida es un asco, amigo, no se que hacer”. Y entonces es cuando te regresan los recuerdos. Cuando te acuerdas de viejos amigos y te preguntas si recordaran este día tan extraño y especial. Es cuando la mente empieza a jugar contigo y piensas en lo que pudo haber sido y lo que no. Si hubieras hecho aquello, si no hubiera hecho lo otro, quizás estaría esta noche con mi amor de los 17 esperando que se habrá el portal. Sientes esperanzas sobre ese amor, quizás nos escuchemos ahora a los 18, pero se transfigura la esperanza y sientes fe en la vida. La vida te parece hermosa, casual, cruel, perfecta.

Una emoción tras otra. Un sueño inconcluso tras uno concluso. Una reflexión cruel tras un hermoso poema. Recuerdas la inocencia que te arrebataron en francés tiempo atrás. Una idea nueva, unos ojos brillantes y una arruga más en el comienzo eterno de la vida. Sin olvidar la fortaleza y la capacidad de destruir al cabrón que venga a joder.

Se abre el portal y lo traspasas. No sientes nada nuevo, no sientes un cambio. Solo sabes que ya eres legal dentro de los parámetros. Reafirmas tus convicciones, no mucho cambiara. Sigues consumiéndote por dentro por las mismas cuestiones antes mencionadas, tienes 18 y el desamor te escuece, la vida te aterra y te falta voluntad.

Quieres reafirmarte, quieres vivir, quieres olvidar. Es tiempo de dejar de ser adolescente. Crecer no es fácil pero es obligatorio. Te aseguras de que ya mañana olvidaras esta melancolía. Y piensas en algo que siempre haz creído, “la melancolía es la necesidad de estar triste.”

Y es obvio querer estar triste, pues es un año más que se fue y que ya no regresara. Sabes en teoría lo que quieres y deseas. Crees que sabes amar, crees que sabes a donde vas.

La vida te comienza a dar opciones, grandes decisiones se acercan, grandes metas te proponen. Engavetas todos los recuerdos de hace unos años. Te sientes extenuado por la sobriedad de la madrugada. Tienes 18 y no hay vuelta atrás. Aunque grites, llores y des pataletas lo hecho es un hecho. Cierras los ojos y escribes un lindo verso sobre un papel, un verso que te unirá a muchas cosas. Tu pequeño amor te dice “…ya eres grande, dios te bendiga mucho y que estés aquí para muchas cosas…” entre otras cosas que no quieres dar detalles.

-La puerta se abre y tu madre te da un abrazo, te dice que te ama. Y sabes que es justo ahí donde comienza esta nueva etapa.


Y te preguntas muchos años mas tarde,
¿por que sigue siendo la misma mierda, año tras año?

16 de octubre de 2009

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